LITERATURA DE RAÍCES MÁGICAS La Mixteca en la palabra de sus escritores

Antología de escritores de la Mixteca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación

Por Emilio Fuego

Quienes hoy nos encontramos en estas páginas somos gente de palabra escrita, pero venimos de la tradición oral. Antes, otros cantaron y contaron las hazañas y tragedias con las que se forjó esta cultura de siglos y por eso, esto que somos hoy oscila extraordinariamente entre la historia y la leyenda.

Difícilmente podemos poner en duda que somos herederos de un pasado esplendoroso. Por conveniencia incluso nos hemos hecho a la idea que también todo nuestro pasado fue mejor.  Seguramente no toda nuestra historia fue sólo de capítulos gloriosos, pero por lo que sabemos de nosotros mismos, no hay duda de que nuestro origen se incubó entre el pensamiento mágico y el rigor histórico.

Pero ese pasado, así haya sido trágico o venturoso, es lo que hoy nos mueve y nos detiene al mismo tiempo. Y no es una contradicción, porque si bien nos enorgullece saber que en nosotros se sintetizan mitos fabulosos, epopeyas fascinantes, héroes mitológicos, dioses para toda ocasión, árboles sagrados, serpientes de agua surcando el cielo, chamanes que lo curan todo, nahuales capaces de convertirse en nosotros mismos, sacerdotes que provocan la lluvia, hombres y mujeres bautizados con nombre de animal y lugares sagrados por todos lados, al mismo tiempo nos paraliza la idea de no tener capacidad para crear grandeza en la actualidad y superar ese impresionante acervo imaginario que nos tiene pasmados entre la incredulidad y el orgullo.

El reto entonces para los creadores no es poca cosa, y menos si se insiste en que todo gire alrededor de un gran pasado que en buena medida descansa sólo está en nuestra imaginación. Qué bueno que nuestra imaginación sea capaz de sostener un universo mixteco tan impresionante, y si bien algo están intentando pintores, músicos y danzantes, ¿Qué estamos haciendo y sobre todo qué nos toca hacer a quienes somos gente de palabra escrita?

No vamos ahora a caer en la tentación de lo que de nosotros dice la antropología y la historia, que por cierto es mucho. Tampoco se trata de hablar en esta ocasión de las propuestas que los creadores de otras disciplinas del arte están haciendo entre la tradición y la vanguardia. Se trata de hablar de literatura, y más específicamente de nuestra literatura.

Por supuesto, una reunión también necesaria es la que los escritores deberíamos tener con quienes están haciendo la danza, la pintura, la música y todas las artes. No hay mejor signo de una cultura desarrollada que ver cómo todos sus artistas enlazan sus talentos y sin egoismos inyectan vida a sus comunidades construyendo juntos el arte  de su tiempo.

Pero mientras tanto, quienes a través de la palabra escrita sentimos que podemos decir algo, debemos dar un primer paso analizando nuestra realidad y nuestras perspectivas. Entiendo que la sola pregunta de si existe o no una literatura en la Mixteca, puede significar una provocación. Y debo decir que lo es, pero en el mejor de los sentidos. Sólo una autocrítica real nos puede llevar a construir, reconstruir, inventar o reinventar la literatura que dé fe de un pueblo vivo.

Podríamos, con apoyo de las innumerables teorías literarias, demostrar que nuestra literatura existe o, por el contrario, comprobar que nuestros afanes literarios no pasan de ser un sueño del subdesarrollo. También podríamos encontrar elementos contundentes para descalificar todo, o la mayor parte de lo que en esta región se escribe o, por lo contrario, justificarlas como expresiones propias de la cultura popular.

En todo caso, se trata de definir el motivo por el que hemos aceptado hacer esta reflexión colectiva. Por lo que a mí respecta, he querido imaginar que somos capaces de generar un movimiento literario en la Mixteca. Pero es obvio que para avanzar, no podemos desechar nada de lo que existe, ni inventarle compasivos atributos a lo que en todos los pueblos se está escribiendo.

Escritores hay, y seguramente son muchos. De manera natural en cualquier comunidad hay quien siente que a través de la danza, la música o la pintura puede expresar libertad y rebeldía. Por supuesto, de manera natural también, en cada comunidad hay quien encuentra en la palabra escrita el cauce exacto para el amoroso mensaje, la narración fantástica, la denuncia necesaria o el grito desesperado.

Me parece que el problema no es la falta de potenciales escritores, sino que éstos no tengan posibilidad de hacer realidad su vocación y que en el mayor de los casos sólo puedan sumar su frustración a las otras muchas frustraciones que tienen a los pueblos en el atraso.

El problema es que no hay una política cultural que de manera visionaria considere que nuestra literatura puede alcanzar dimensiones representativas de toda una cultura. Es al folclor, en su versión de espectáculo, a lo que se aferran los programas de gobierno y se nos quiere hacer creer que toda nuestra cultura gira en el vuelo de una falda colorida o en las notas de una canción que se repite, se repite y se repite.

Desde luego, debemos pedir a la institución cultural que abra los ojos a la literatura, pero mientras la burocracia reacciona, conviene imaginar aquí y ahora acciones que animen a quienes en las comunidades sienten que su mejor lenguaje es la palabra escrita, pero les han hecho creer que eso es perder el tiempo.

Dirán que descubro el hilo negro, pero el camino es de sobra conocido, a la literatura se llega escribiendo, escribiendo y escribiendo. La primera clave está en escribir, lo que sea y como sea, pero escribir, nunca dejar de escribir. Trillaremos en el aire si no tenemos obras sobre las cuales podamos hacer un diagnóstico. Por supuesto, los pasos inmediatos son profesionalizar lo que hacemos, impulsar a quienes muestren claras capacidades literarias e incluso publicar la obra de quienes en verdad logren hacer literatura.

La idea de que un escritor es un personaje fundamental para el desarrollo de un pueblo también debe insacularse por todos lados. Todo es cosa de saber detonar los entusiasmos, porque después los escritores saldrán y crecerán por sí solos. Son unos cuantos pasos los que nos separan de la posibilidad de generar un movimiento literario. Y si a estas alturas, asumimos el compromiso de llamarnos escritores demos obras cada vez con mayor calidad, instauremos uno o muchos sitios donde se den talleres, convoquemos a un premio, invitemos a los literatos que admiramos, busquemos la forma de participar en los encuentros nacionales e internacionales de escritores y de manera especial abrevemos sin temor y con insistencia en los autores que han iluminado la literatura universal.

Que los escritores de la Mixteca ejerzan su libertad, que vayan y regresen sobre los temas que se les venga en gana, que escriban en español o en mixteco, que suban y bajen sobre todos los géneros literarios, pero que escriban bien. Lo que no se vale, porque además no se puede, es pretender hacer literatura desde la ignorancia. Lo que no se vale es faltarle al respeto a la sintaxis y demás formas gramaticales. Lo que no se vale es esa tremenda inseguridad de mostrar lo que se escribe. Lo que no se vale es engañar y engañarse desde la improvisación.

La literatura de la Mixteca, lo digo confiando en mi intuición, está ahí. Nos toca lograr que se levante y cante.


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