El País de las Nubes

Por Emilio Fuego

Están ligadas las nubes a la tierra y al viento.
Mientras haya nubes sobre Turín
Será bella la vida…

Cesare Pavese

Voces diversas aseguran que se trata de uno de los encuentros poéticos más importantes del mundo. Es probable, pero sobretodo puede ser calificado como un proyecto sorprendentemente distinto.

El Encuentro Internacional: Mujeres Poetas en el País de la Nubes tiene, ciertamente, un lugar destacado entre las actividades que en distintas fechas y países reúnen a quienes escriben poesía. Incluso ha inspirado la creación de otros encuentros nacionales e internacionales, pero sobretodo ha logrado reunir durante diez años consecutivos a las más representativas autoras de la poesía contemporánea.

Este año, cuando en noviembre, las poetas vuelvan a encontrarse, este proyecto estará celebrando un décimo quinto aniversario lleno de significados. Sin duda la historia es larga, caracterizada por todo tipo de experiencias, convivencias extraordinarias, controversias obligadas y ejemplos vivos de la poesía que las mujeres están escribiendo en muy distintas partes del mundo.

No creo, o por lo menos no quiero aceptarlo, que el País de las Nubes ocupe ya el lugar que merece en el mapa poético del mundo. Me parece que ni siquiera a nivel nacional se le valora en su exacta dimensión. Priva en todas partes una política cultural que clasifica y excluye, más aun cuando se trata de proyectos que con o sin la bendición oficial podrían desarrollarse con gran éxito. Por fortuna, el País de las Nubes existe. Las poetas han hecho el milagro, las comunidades abren las puertas de su historia, anhelos y sabiduría, y las instituciones han aceptado no quedarse al margen de este país que se construye con poesía.

La primera piedra de este metafórico país fue colocada en julio de 1993. Hasta la ciudad mixteca de Huajuapan de León llegaron 96 poetas de 24 estados de la república. Se celebraba la fiesta patronal en honor del Señor de los Corazones y por primera vez la celebración popular incluía la sorprendente presencia de un centenar de mujeres que leían poesía en la plaza municipal, el palacio de gobierno, el atrio de la iglesia, el mercado central y la Casa de la Cultura. Los fuegos pirotécnicos reventaron ese año en exacta combinación con el color y el estruendo de las metáforas. Así se llevó a cabo un primer encuentro nacional y el acuerdo final de todas ellas fue, sin ni siquiera medir las posibilidades de los organizadores, regresar al año siguiente.

Al segundo encuentro llegaron 135 poetas, pero en esta ocasión fueron recibidas por otros diez pueblos de la región Mixteca. Las poetas vivieron y convivieron con la comunidad durante tres días; cada pueblo las recibió de acuerdo a su costumbre y ellas correspondieron con talleres y recitales. Al tercer encuentro, en 1995, este proyecto se hizo internacional. Para sorpresa de todos, llegaron poetas de 11 países; todas ellas costeándose su viaje y recibiendo la extraordinaria hospitalidad de 22 comunidades de esta parte de Oaxaca.

En 1996 fue la locura. Al encuentro llegaron 400 poetas de casi todo el país y otras 20 naciones. Diez autobuses repartieron poetas por 30 pueblos, pero además el encuentro tuvo que enfrentar el intento de boicot que hizo un gobierno conservador de Huajuapan de León. Por fortuna ahí estaban por lo menos 30 pueblos que querían ser la sede principal y ese privilegio le tocó a Santo Domingo Tonalá por dos años seguidos. Ahí nació la Declaración de Tonalá, que es un documento fundamental para entender la esencia de este proyecto. Pero también se decidió que había sido suficiente organizar un encuentro multitudinario. De ahí en adelante el número de poetas participantes debería ser menor por razones presupuestales, pero también para conveniencia de la poesía y de las poetas.

En todo momento decimos que este es un encuentro esencialmente comunitario. Y es comprobadamente cierto; año con año se fueron sumando comunidades y en 1998 el encuentro se extendió a cien pueblos mixtecos. El País de las Nubes, que por otra parte es un territorio árido y una de las regiones más pobres de México, había sido gratamente invadido e irremediablemente conquistado por la poesía.

Por fortuna, en 1999, y después de pasar su último año de exilio en San Marcos Arteaga, el encuentro pudo regresar a Huajuapan de León, su sede original. Pero no se trató de una graciosa ni consciente concesión del gobierno local. El mérito se debe, en todo caso, a la comunidad huajuapeña, ya que se dieron los suficientes reclamos públicos para recordar que ese encuentro nació en Huajuapan y que por lo tanto a Huajuapan pertenecía.

Quince años después podemos asegurar que el balance es favorable. Por supuesto, capítulos completos e importantes se contarán a la hora de escribir la historia completa de esta aventura, pero no es fácil ocultar la satisfacción de haber recibido hasta la fecha a más de 1000 poetas de toda república y otros 47 países. También, hasta el momento, hemos sumado la hospitalaria participación de 145 pueblos mixtecos ubicados en Oaxaca, Puebla y Guerrero.

Por supuesto, cada una de esas casi 800 escritoras lleva fragmentos valiosos de esta historia. Ciertamente, cada una hablará de acuerdo a cómo le haya ido en esta feria de versos y vanidades, pero nadie podrá negar que se trata de una experiencia prácticamente única, indudablemente inédita. No por nada este encuentro constituye un verdadero reto a la convivencia y a la libertad. Y no todas han pasado este reto.

Ahora se comprende y se valora nuestra sui generis manera de organizar este encuentro, pero al principio muchas de las escritoras se descontrolaban al mirar que tendrían que leer no en un teatro o auditorio oficial, sino junto al río, en el bosque, o en el cerro. Les parecía desorganización no ser parte de un presidium tradicional, de un horario para poder estar sólo a la hora de su lectura y de un programa a imagen y semejanza de las instituciones. En este caso, han sido las comunidades las que han impuesto su forma de organizar, y no pudo ser de otra manera que la de su tradición, su medio ambiente y la de su manera de ver la vida. Hubo poetas que incluso llegaron con factura en mano, otras traían sus premios o sus impresionantes currícula; algunas exigían saber con anticipación con quiénes les tocaría leer o preguntando sobre los funcionarios que llegarían a la inauguración y la foto oficial.

La libertad era real, pero para muchas desconcertante. Esperaban una actividad cultural donde los organizadores las condujeran paso por paso e incluso donde los resultados estuvieran previamente definidos. Paradójicamente no sabían qué hacer en un espacio verdaderamente libre, la mayoría estaba acostumbrada al formato oficial. Aquí, sin embargo, no había un programa acartonado, cada quien podría leer una o muchas veces, cada quien podría ser incorporada a uno u otro pueblo, a impartir un taller para niños o una charla con las mujeres de la comunidad, a coordinar un grupo de poetas o a fungir como maestras de ceremonias. Todas estaban invitadas a ser parte igualmente importante de un proyecto que tendrían que construir para, con y desde la comunidad.

El reto de la convivencia ha resultado también muy singular. El Encuentro es realmente un encuentro en toda la extensión de la palabra. Las poetas se encuentran con los pueblos, pero se encuentran también con otras muchas poetas y, sobre todo, se encuentran con ellas mismas. Las tres vertientes han tenido fuerte impacto en todas ellas, la vida comunitaria en la mixteca ofrece un México para muchas totalmente desconocido o pálidamente imaginado. La comunidad las conquista y no se explican cómo pueblos tan pobres pueden dar tanto. El pueblo las recibe con verdadero fervor y para ellas bailan, cantan, cuentan, cocinan, denuncian y sobre todo les piden que no les paguen con olvido.

Al mismo tiempo, poetas que sólo se habían leído aquí vienen a conocerse. Pero también muchas que ni siquiera podían verse debido a guerras tribales, aquí descubrieron sus virtudes y surgieron buenas amistades. Se encontraron también con que no estaban solas, y que en otras partes del país y del mundo había mujeres que también, con los mismos dolores e ideales, estaban alumbrando poesía.

No menos importante ha sido el encuentro con ellas mismas. Sin duda el encuentro ha movido su yo interno y las ha obligado a revisar su proyecto de vida tanto como su quehacer profesional. Conocían ya los motivos por los que buena parte de su energía la convierten en literatura, pero comprueban que su palabra puede ser una respuesta a su tiempo y que entre mayor innovación y excelencia alcancen marcarán su generación y aportarán datos valiosos al pensamiento contemporáneo.

Pero la prueba más importante es la que tiene que pasar la poesía que cada una de ellas escribe. En la Mixteca no las recibe un público, es el pueblo el que acude a su encuentro. Los aplausos y el reconocimiento se los da un pueblo sensible, gente no condicionada a la reacción frívola y al halago gratuito. Aquí todavía no sucede lo que en los recitales de la gran ciudad, donde un público escaso, integrado por algunos amigos, dos o tres parientes y algún despistado elogian sin medida al autor, lo vanaglorian. Aquí la comunidad entera las escucha y sin duda la poesía, cuando en verdad lo es, pasa la prueba de quienes no son críticos literarios, ni asiduos a los oráculos de la cultura de elite, pero si gente que escucha, entiende y siente.

Por ser un encuentro que reúne a mujeres poetas y por llevarse a cabo en una región predominantemente indígena, se ha le querido etiquetar como feminista e indigenista. Ninguna de estas definiciones le corresponde; seguro que en estos diez años han participado las feministas de todas las corrientes, pero en todo momento la poesía ha sido el hilo conductor, el motivo verdadero, el lenguaje que las convoca. Los temas de trabajo han sido diversos y sin limitantes, pero siempre relacionados con su papel como poetas. Y les puedo asegurar que hemos logrado reunir a las mejores poetas de México y otras muchas partes del mundo. Por supuesto, también hemos tenido aquí a las más famosas.

Un gran número de quienes se han atrevido a pisar tierra mixteca, asegura que gracias al encuentro han crecido como autoras literarias. Seguramente, pero en todo caso se debe a las grandes dosis de motivación, conocimientos y anhelos que el encuentro les permite intercambiar. En todo caso, nos hemos asegurado de organizar una reunión equilibrada con todas las generaciones, grupos de poder cultural, tendencias literarias y nacionalidades.

Esto, que en principio pudiera parecer difícil y que bajo otros esquemas ha resultado imposible, lo hemos hecho a través de un comité organizador. Desde el tercer año integramos un grupo de trabajo con las propias poetas, de tal manera que el encuentro resulta a su imagen y semejanza. El Comité Organizador cumple una función fundamental en la definición del encuentro, pero también constituye una innovación en la manera de organizar una actividad cultural. La poetas que integran el Comité Organizador son invitadas para a formar parte de este grupo de trabajo por un año, aunque eventualmente pueden durar más. Entre todas, y en la medida de su tiempo y visión, definen el carácter del encuentro, multiplican la invitación, se reparten las tareas mediante comisiones y sobretodo tienen la consigna de mantener un ambiente de unidad entre las participantes, ya que no faltan quienes llegan enfermas de protagonismo o aquéllas que se empeñan en competir e incluso en poner en práctica la teoría del divide y vencerás.

Pero esto es normal. No ignoro que a este encuentro estamos convocando a un gremio proclive al escándalo, muy dado a la confrontación e incluso acostumbrado a disputar los espacios y las famas con todo tipo de estrategias o artimañas. Por fortuna, al mismo tiempo es un gremio en el que se imponen más virtudes que defectos, ya que la inmensa mayoría se caracteriza por su visión, profesionalismo, capacidad de convivencia, reconocimiento a las demás, y sobre todo por la calidad de su propuesta poética. Es cierto que en diez años hemos tenido de todo, pero se trataba de que algo sucediera y algo ha sucedido entres las poetas, ya que este encuentro es también una gran provocación.

En todo momento hemos procurado que este encuentro no se convierta en un espacio de poder. No perdemos de vista el impacto que esta reunión tiene tanto entre las poetas del mundo y como en las comunidades, pero en la Mixteca nos concretamos a abrir nuestras puertas con buena voluntad y para vivir colectivamente la fiesta de la palabra. Hubo quienes en diversos momentos propusieron la creación de alguna confederación de poetas, también aparecieron quienes le vieron la posibilidad del lucro, o quienes nos quisieron convertir en un proyecto burocrático. No hemos caído en esas tentaciones, pero sí resulta satisfactorio ver cómo este encuentro desencadena acontecimientos y provoca que las poetas alcancen nuevas velocidades en sus rebeldías e ideales.

De eso se trata. Este proyecto no puede hacerlo todo por sí solo; en todo caso aspira a ser un pauta, un punto de partida hacia donde cada quien quiera caminar. En el País de las Nubes no pretendemos tener el control de nada, más bien consideramos necesario que cada poeta se sienta motivada para realizar sus propios proyectos, para consolidar su obra, para organizar sus propios y mejores encuentros, para que siga por el mundo con las verdades y mentiras que considere convenientes, para aprovechar los contactos hechos a la sombra del encuentro, para no olvidar a las comunidades que las reciben, para ganar más premios, para publicar más libros e incluso para, si en verdad quieren ser poetas, dedicar tiempo, inspiración y talento para dar al mundo la mejor poesía de su tiempo.

En la Mixteca nos basta y nos honra que una vez al año acepten estar aquí. Y es que aquí también están sucediendo cosas; la gente ya las espera, el encuentro es algo así como una nueva tradición en una tierra de impresionantes tradiciones. Y si esto no fuera suficiente, en los años recientes surge un movimiento de jóvenes y niños que quieren ser poetas.

Ahora el encuentro tiene su momento culminante con un gran recital en el Palacio de Bellas Artes. También se presenta en universidades, teatros y lugares tan significativos para nosotros como el Centro Cultural Santo Domingo de la ciudad de Oaxaca, pero la parte esencial sin duda sucede en la Mixteca. Si algo hemos aportado con esta reunión de poetas es precisamente su carácter comunitario. Es bueno, por supuesto, que las puertas de las grandes catedrales culturales se abran para este encuentro, pero no estaremos inventando nada nuevo si estos lugares nos impresionan y nos conforman. En más de una ocasión me han preguntado qué significado tiene el que por fin hayamos conquistado el Palacio de Bellas Artes con las poetas. Mi respuesta es inmediata, les digo que en realidad no se trata de ninguna conquista, ya que la mayoría de ellas han estado en éste y otros sitios igualmente importantes. Por lo tanto el hecho de que las poetas lean en Bellas Artes es algo normal, puesto que para eso se construyó semejante recinto. El mérito, si lo hay, es haber logrado que un número impresionante de mujeres poetas, muchísimas de ellas consagradas, haya aceptado leer para los pueblos mixtecos. Este, dígase lo que se diga, no es un hecho común.

De esta manera, la poesía regresa a la comunidad, se llena de polvo y respira el aire de la montaña. Y es que nuevos aires son lo que necesita la vida cultural en México, lo cual significaría refrescar ese ambiente contaminado por tribus e intereses que adormecidos con todo tipo de teorías habitan un país imaginado.

Pero entre lo que se debe hacer y, en este caso, entre la valoración que necesita la poesía y lo que hemos logrado, diez años son apenas un suspiro. Un suspiro difícil por cierto, ya que también hemos tenido que enfrentar a la burocracia de antesalas infames y funcionarios que más que cultura hacen política. No nos ha ido tan mal. También hemos encontrado en las instituciones a gente de cultura que realmente vale la pena. Para ser el nuestro un encuentro autónomo, las instituciones nos han dado un trato razonable. Por eso ahora resulta razonable decir que hemos encontrado eco relativo en el Consejo Nacional para la Cultura y Las Artes, el Instituto Oaxaqueño de las Culturas y, más recientemente, la Secretaría de Cultura del Gobierno del D.F. y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Anotemos también, aunque con mayor relatividad, al Ayuntamiento de Huajuapan de León.

Obviamente a estas alturas nos preguntamos qué sigue. Por fortuna este proyecto es impredecible; pero sí podemos decir que más que ambiciones tenemos aspiraciones. Sabemos que estamos incidiendo en la poesía que actualmente se escribe en muchas partes del mundo. Las poetas de un gran número de países nos tienen ya como una referencia obligada y por lo tanto nos sentimos obligados a corresponder como buenos anfitriones. Nuestras expectativas han sido contundentemente rebasadas, por un lado cada año recibimos por lo menos 300 propuestas de inscripción y, por el otro, los pueblos mixtecos dan por hecho que el encuentro tendrá larga vida. Como se ve, el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas es al mismo tiempo reto y privilegio, pero lo vivimos con optimismo ya que gracias a la poesía es cada vez más la gente que habla del País de las Nubes.

¿Necesitas más información? Escríbenos a:
paisdelasnubes2010@gmail.com

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